Presión atmosférica: el gran regulador
Los peces perciben los cambios de presión a través de la vejiga natatoria. Con presión en descenso (baja presión, antes de una borrasca), la actividad suele dispararse y los peces se alimentan con más confianza; con presión alta y estable, las picadas se vuelven más selectivas y los peces se refugian en profundidad.
En la práctica: los días previos a una borrasca y las horas de cambio de presión suelen ser los más productivos, sobre todo en agua dulce. Cuando la presión sube bruscamente, pesca más despacio y con cebos pequeños.
Viento, lluvia y nubosidad
El viento moderado mueve el agua, oxigena y concentra el alimento en la orilla de barlovento: pescar en la costa donde entra el viento suele dar mejor resultado. El viento fuerte, en cambio, complica los lances y obliga a refugiarse en zonas abrigadas.
La lluvia fina y la nubosidad favorecen la pesca: los peces se acercan a zonas someras con menos miedo a los depredadores. La lluvia torrencial, sin embargo, enturbia el agua y dispersa a los peces, y con tormenta eléctrica hay que abandonar la orilla de inmediato.
Temperatura y estaciones
Cada especie tiene su rango óptimo de temperatura: las truchas prefieren aguas frías, las carpas se activan por encima de 18-20 grados y las doradas se acercan a la costa con el agua templada. Los cambios bruscos de temperatura frenan la actividad durante unos días.
En verano, pesca en las horas frescas del amanecer y el atardecer; en invierno, en las horas centrales del día. Conocer la temperatura del agua (con un termómetro de superficie) te dice dónde buscar a cada especie.
Leer el parte meteorológico antes de pescar
En descenso suele haber más actividad de los peces.
Moderado y de barlovento, mejor que fuerte.
Y la lluvia fina, momentos de mayor confianza.
Eléctricas y lluvias torrenciales: peligro y poca pesca.
Según la temperatura del agua y la estación.